La COP30, celebrada del 10 al 21 de noviembre de 2025 en Belém do Pará (Amazonia, Brasil), concluyó tras dos semanas de intensas negociaciones, en medio de grandes dificultades para alcanzar consensos amplios. En esta edición, una delegación de la Compañía de Jesús, junto a colaboradores de diversas instituciones y redes afines, participó ampliamente en la cumbre oficial, en la “Cumbre de los Pueblos” y en espacios ecuménicos y de movilización social, con el fin de poner voz a las comunidades vulnerables y exigir justicia climática.
Desde la perspectiva de la campaña Jesuitas por la Justicia Climática, la delegación presentó un documento de posición conjunto y llevó a cabo una rueda de prensa —el 21 de noviembre— en la que demandó un mecanismo real y justo de transición energética, la plena operatividad del fondo de “Pérdidas y Daños” para países empobrecidos, y la reforma de la arquitectura financiera global, que evite endeudamientos y garantice justicia climática para los más vulnerables.
El resultado final de la COP30 —el acuerdo “Mutirão Global” aprobado en la madrugada del 22 de noviembre— ha sido valorado con matices. Entre sus avances, reconoce la necesidad de triplicar la financiación para adaptación al cambio climático, promueve una “Misión de Belém para 1,5 °C” y lanza un “Acelerador de Implementación Global”. Sin embargo, muchos analistas y la sociedad civil consideran que el acuerdo está “descafeinado”: no incluye compromisos vinculantes para eliminar los combustibles fósiles ni una hoja de ruta clara contra la deforestación —puntos clave para afrontar la emergencia climática—.
A pesar de los límites del texto final, desde la Compañía de Jesús y sus aliados en todo el mundo celebran la vitalidad de los movimientos populares, el protagonismo de pueblos indígenas y comunidades locales, y la fuerza de la movilización social y ecuménica durante la COP. alboan.org Para ellos, el espíritu de Belém no concluye con la cumbre: supone un nuevo impulso para seguir trabajando por una justicia climática real, insistiendo en que la salida a la crisis ambiental debe combinar transformación ecológica, solidaridad global y respeto por la dignidad de los pueblos.






