Vidas que acompañan vidas: aportes y retos de las comunidades de acogida
La Fundación Ellacuría celebró en Bilbao la mesa redonda “Vidas que acompañan vidas – Bizitzan Bidaide: aportes y retos de las comunidades de acogida”, un encuentro para reflexionar tanto sobre el actual marco europeo de las políticas migratorias como sobre la experiencia concreta de las comunidades que acompañan a personas y familias migrantes y refugiadas.
La sesión se enmarca en el camino desarrollado por la Fundación Ellacuría en sus veinte años de trabajo y en el modelo de hospitalidad Bizitzan Bidaide, presentado en 2023 en el marco del Servicio Jesuita a Migrantes. La propuesta entiende la acogida desde la relación entre tres actores: las personas y familias migrantes, los equipos profesionales y las comunidades de acogida.
La primera intervención corrió a cargo de Joana Abrisketa Iriarte, catedrática de Derecho Internacional Público de la Universidad de Deusto, que presentó de forma sintética el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo aprobado en 2024, distinguiendo los diferentes reglamentos que lo integran y la Directiva europea sobre condiciones de acogida. El nuevo marco legislativo entró en vigor en 2024 y comenzó a aplicarse con carácter general en junio de 2026.
Abrisketa señaló algunos de los elementos fundamentales del nuevo marco: el refuerzo de los procedimientos en las fronteras exteriores, la regulación común de los procedimientos de asilo, los mecanismos de solidaridad y reparto de responsabilidades entre los Estados miembros y las condiciones que deben garantizarse para la acogida de quienes solicitan protección internacional. La propia normativa europea establece estándares comunes de acogida y condiciones materiales que deben garantizar un nivel de vida adecuado a las personas solicitantes.

Un modelo basado en los vínculos
En la segunda parte, Félix Arrieta, profesor e investigador de la Universidad de Deusto, presentó el trabajo realizado en torno al modelo consolidado de hospitalidad Bizitzan Bidaide, basado en el acompañamiento, el servicio y la defensa de las personas migrantes.
El modelo puede representarse como un triángulo cuyos vértices son los equipos profesionales, las personas y familias migrantes y las comunidades de acogida. Estas últimas constituyen el espacio donde la acogida adquiere una dimensión especialmente relacional: lugares en los que se comparten experiencias, se amplían redes y se construyen vínculos.
La dimensión más vivencial llegó de la mano de Cristina Elcuaz, que compartió su experiencia durante tres años como integrante de la comunidad de acogida de Mambré Etxea. Un vídeo permitió también acercarse a la vida cotidiana de esta experiencia y a la riqueza que nace del encuentro y la convivencia entre personas diversas.
Finalmente, Inés Vicente, técnica de acompañamiento social de Loiolaetxea, presentó desde la perspectiva profesional algunos de los aprendizajes, fortalezas y retos que aparecen en el trabajo con las comunidades de acogida.
Entre las fortalezas se destacaron la ampliación de las redes sociales, el efecto multiplicador de la experiencia y la capacidad para generar vínculos significativos. Junto a ellas aparecieron también algunas dificultades: un contexto social todavía atravesado por actitudes racistas o insolidarias y la dependencia de personas voluntarias, cuyo número y disponibilidad no siempre son suficientes.
Uno de los retos señalados para seguir consolidando el modelo es definir mejor las responsabilidades y los límites entre el acompañamiento profesional y el papel de las personas voluntarias que forman parte de las comunidades de acogida.

La jornada puso así en relación el marco político y jurídico europeo con una experiencia concreta de hospitalidad. Frente a contextos que pueden favorecer la distancia o la hostilidad, Bizitzan Bidaide propone fortalecer relaciones y comunidades capaces de acompañar vidas y construir una sociedad más acogedora.
La actividad contó con el apoyo de la Agencia Vasca de Cooperación y Solidaridad y de ALBOAN.





