Y no se olvidó de los pobres

No te olvides de los pobres. Este fue el consejo que Jorge Mario Bergoglio recibió el 13 de marzo de 2013, cuando fue elegido Papa, del cardenal brasileño Hummes, compañero de Cónclave y amigo suyo durante décadas. Dijo el Papa en sus primeras declaraciones públicas que, inmediatamente, le vino a su corazón la figura y el nombre de San Francisco de Asís, pobre entre los pobres y hermano de toda la creación.

Las personas y comunidades que formamos parte de la misión jesuita podemos decir que la preferencia apostólica de la Compañía de Jesús -“Caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia”- ha sido fuertemente iluminada por el pontificado de Francisco. Por su mirada y sus gestos, por sus abrazos y oraciones, por sus frecuentes reuniones con los movimientos sociales, su denuncia continua de los conflictos armados, de las fronteras inhumanas levantadas contra la protección y la dignidad de quienes migran, por la denuncia permanente de la economía que mata, por la atención a la crisis socio medioambiental que descarta la vida de las personas y los ecosistemas haciéndolos cada vez más insufribles. Y su llamada continua a la sinodalidad, que no es sólo el derecho de todos a la participación y el protagonismo en la Iglesia, sino, y sobre todo el reconocimiento de la capacidad que todas las personas tienen de aportar algo valioso a la comunidad, por muy heridas o rotas que lleguen a estar.

El primer viaje del papa Francisco fuera de Roma fue a la isla de Lampedusa para honrar la vida de las personas ahogadas a las puertas de Europa. Su primera Semana Santa la celebró en la cárcel romana de Marmo ese mismo año 2013. En su participación en el primero de los encuentros con los movimientos de justicia social en 2014, dijo que “mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y a la especulación financiera, y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y, en definitiva, ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales”.

No sólo sus gestos, sino también sus escritos. Evangelii Gaudium, en 2013, en la que se anima a los cristianos a ser portadores de esperanza y de alegría en un mundo lleno de conflictos y en la que se denuncia ya una economía que genera desigualdad. Laudato Si en 2015 sobre el cuidado de la Casa Común en la que advierte de una única crisis social y ambiental provocada por la sobreexplotación de los bienes de la tierra, el calentamiento global y el cambio climático que afecta especialmente a las comunidades más vulnerables y las enfrenta con los intereses económicos contrarios al bien común. Fratelli Tutti 2020 en la que invita a promover el bien común por medio de la fraternidad, la amistad social, la inclusión y el diálogo, frente al paradigma de la violencia y la imposición para resolver los conflictos sociales.

Y, cómo no, sus viajes de pastor. Ha visitado lugares de conflictos y guerras. Además, ha participado -en el Vaticano y en todo el mundo- en foros sociales sobre la vivienda, la pobreza o el hambre; en foros medioambientales y en defensa de las comunidades frente a las industrias extractivas; en foros sobre derecho a la memoria de las poblaciones originarias; en foros de economía social y solidaria desarrollando el movimiento Economía de Francisco y de Clara; en espacios de reconocimiento de víctimas de abusos en el seno de la Iglesia.

Y sus ángelus y sus oraciones, que siempre tuvieron como centro conflictos bélicos como los de Siria, Sudán, Ucrania o Gaza, donde además ha tenido un papel destacado en las diferentes mediaciones para la resolución dialogada y justa de dichos conflictos. Ha sido un Papa de clara impronta social desde la experiencia personal de acompañar como pastor bueno, como seguidor de Cristo, a tantas y tantos descartados en las barriadas de Buenos Aires, experiencia que marcó definitivamente su pastoreo de la Iglesia universal desde Roma. No se olvidó de los pobres, y su papado ha significado para muchas cristianas y cristianos -y para muchas personas comprometidas con el bien común y con la fraternidad a lo ancho del mundo- la vuelta de la Iglesia a las bienaventuranzas, los signos y los milagros de Jesús de Nazaret. Una invitación a la Iglesia Católica a compartir las cuestiones sociales críticas de nuestro tiempo, ensanchando la tienda del encuentro y de fraternidad. Un gran Francisco, fiel seguidor de San Francisco de Asís, pobre entre los pobres, y hermano de todo lo creado.

Martín Iriberri sj

Director Alboan y Entreculturas

Artículo publicado en Diario de Navarra. (21.04.2025)

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