La Plataforma Apostólica Loyola se suma a la nueva campaña de la Compañía de Jesús en España, una invitación a vivir con los pies en cada realidad y la mirada abierta al mundo.
Septiembre marca el comienzo de un nuevo curso para muchas de las obras y comunidades de la Plataforma Apostólica Loyola. Se reanudan las clases, los encuentros, las actividades pastorales y los proyectos sociales, aunque algunas presencias —como las casas de Ejercicios— han mantenido durante el verano una actividad especialmente intensa.
Comenzamos el curso desde realidades muy diferentes, pero compartiendo una misma misión: acompañar a las personas, anunciar el Evangelio y responder a los desafíos de nuestro tiempo. Esta diversidad de lugares, tareas y personas es precisamente el punto de partida de «Universales por vocación», la nueva campaña de comunicación de la Compañía de Jesús en España.
La expresión remite a una intuición presente desde los orígenes de la Compañía. Jerónimo Nadal, uno de los primeros compañeros de san Ignacio, la formuló con unas palabras que siguen conservando toda su fuerza: «Nuestra casa es el mundo». No se trata de estar en todas partes, sino de vivir abiertos a la realidad, dispuestos a dejarnos interpelar por ella y a servir allí donde más se nos necesita.
En la Plataforma Apostólica Loyola, esta vocación universal toma cuerpo en comunidades, obras y personas presentes en Cantabria, La Rioja, Euskadi y Navarra. Colegios, universidad, centros sociales y pastorales, santuarios, comunidades jesuitas y espacios de espiritualidad realizan tareas diferentes, pero participan de una misma misión.
Como señala el Provincial de España, Enric Puiggròs SJ, «cada curso nos invita a volver a preguntarnos dónde nos espera hoy el Señor y cómo podemos responder con generosidad a los retos de nuestro tiempo». Una pregunta que no tiene una respuesta única ni puede formularse al margen de las personas y situaciones concretas que encontramos.
Una misión que se concreta
Ser universales por vocación supone aprender a mirar más allá de los límites de cada obra, sector o responsabilidad. También significa reconocer que ninguna presencia puede responder por sí sola a una realidad cada vez más compleja.
Las prioridades apostólicas de la PA Loyola para 2026-2028 quieren ayudarnos a recorrer este camino. Nos invitan a renovar la experiencia de fe y la espiritualidad ignaciana, buscando nuevas formas de encuentro y transmisión; a promover una presencia transformadora en la sociedad, fortaleciendo la hospitalidad y el cuidado de la Casa Común; y a consolidar un cuerpo apostólico capaz de compartir misión, responsabilidad y discernimiento.
Estas llamadas ya se hacen visibles en experiencias concretas. Al comienzo de septiembre, cuatro jóvenes iniciaron el noviciado en Bilbao y otros cinco pronunciaron sus primeros votos en Loyola. El Consejo ampliado de la Plataforma volvió a poner en el centro la misión compartida y las comunidades de misión. En las próximas semanas, iniciativas como EcoLoiola, Caminos de Hospitalidad o los encuentros de la Familia Ignaciana seguirán mostrando maneras diversas de cuidar, acompañar, celebrar la fe y trabajar por la justicia.
Cada una de estas experiencias tiene su propio rostro y su propia historia. La campaña «Universales por vocación» quiere ayudarnos a descubrir el vínculo que existe entre ellas: una misma llamada que adquiere formas diferentes según los lugares, las personas y las necesidades.
A lo largo del curso, los canales de comunicación de la PA Loyola irán compartiendo algunas de estas historias. No buscamos solamente contar lo que hacemos, sino reconocer cómo la misión se abre paso en nuestra realidad y dejarnos preguntar por ella.
Con los pies en cada lugar y la mirada abierta al mundo, comenzamos un nuevo curso dispuestos a seguir escuchando, discerniendo y sirviendo allí donde la realidad nos necesita.
Universales por vocación.
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