Más de 50 personas reflexionan en el Centro Loyola sobre espiritualidad y burnout
Más de cincuenta personas participaron el pasado jueves 4 de junio en la conferencia-taller «Espiritualidad y burnout. Claves de acompañamiento, autocuidado y espacios seguros en la vida laboral y profesional», organizada por el Centro Loyola. La elevada asistencia puso de manifiesto el interés que suscita una realidad cada vez más presente en muchos ámbitos profesionales y personales: el desgaste provocado por el estrés crónico y el exceso de entrega.
La sesión fue conducida por Mari Sol Pérez Guevara, autora del libro Espiritualidad y burnout. Guía para prevenir, acompañar y superar el burnout (PPC, 2025). Desde su experiencia personal y profesional como coach, la ponente ofreció una reflexión profunda y cercana sobre esta realidad, que definió como «la enfermedad de darse hasta el agotamiento», una forma de desgaste que afecta especialmente a personas comprometidas, generosas y muy implicadas en su trabajo o en sus responsabilidades.
A través de imágenes y metáforas sencillas, Mari Sol ayudó a comprender cómo se desarrolla el síndrome del burnout. Comparó este proceso con una pila recargable que continúa funcionando únicamente con la reserva hasta agotarse por completo, o con una casa en la que se van apagando poco a poco las luces de distintas habitaciones hasta quedar a oscuras. También recordó que se trata de un fenómeno complejo y multifactorial, y subrayó que, ante cualquier sospecha de burnout, el primer paso debe ser acudir a profesionales sanitarios especializados.
La conferencia puso el foco en el autocuidado y en la espiritualidad como recursos para la prevención y la recuperación. Entre las propuestas compartidas destacaron la importancia del descanso como práctica espiritual, inspirada en el sabbat bíblico; el cuidado del cuerpo como templo del Espíritu; la capacidad de dejarse tocar por la belleza de la naturaleza y del arte; la práctica del silencio; la gratitud cotidiana; y la necesidad de distinguir entre vocación y misión para evitar identificarse completamente con las tareas que se realizan.
Desde la espiritualidad ignaciana, Mari Sol invitó también a vivir con mayor libertad interior, a escuchar las emociones, a habitar el presente con una mirada contemplativa y a reconocer que el amor de Dios es siempre gratuito e incondicional. Frente a una cultura que con frecuencia valora la productividad por encima de todo, recordó que «darse hasta el agotamiento» no constituye una actitud cristiana, pues el proyecto de Dios para cada persona es una vida plena y abundante.
El encuentro concluyó en un clima de gratitud y cercanía. Muchas de las personas participantes prolongaron la conversación en torno a un café, compartiendo experiencias, resonancias y preguntas con la ponente. Algunas aprovecharon también la ocasión para conversar personalmente con ella y llevarse su libro dedicado, poniendo así el broche final a una tarde de reflexión, cuidado y esperanza.





