Deusto: cuidar la casa común desde las decisiones cotidianas

La Comunidad de Misión de la Universidad de Deusto dedica su primer encuentro del curso a la ecología integral y a cómo traducirla en la vida universitaria.

El cuidado de la casa común se juega también en la manera de enseñar, investigar, convivir y gestionar los espacios que compartimos. Con esta perspectiva, la Comunidad de Misión de la Universidad de Deusto celebró su primera jornada del curso el 19 de octubre en el campus de Donostia y el 22 de octubre en el de Bilbao, bajo el lema Nuestra misión ante el cuidado de la casa común.

La jornada invitó a reconocer la relación entre el cuidado del entorno y el de las personas, y a preguntarse cómo hacer visible ese compromiso en las decisiones cotidianas de la Universidad. Una oración del papa León XIV por el cuidado del agua abrió la reflexión, recordando su importancia para la vida y las dificultades de acceso que sufren las comunidades más vulnerables.

Una mirada que une el cuidado de la tierra y de las personas

Maximiliano Koch ofreció algunas claves para profundizar en este compromiso desde la espiritualidad ignaciana y la encíclica Laudato si’. Su intervención puso el acento en nuestra condición de personas vinculadas a los demás, a la naturaleza y a Dios. Desde esta mirada, el deterioro ambiental y el sufrimiento humano forman parte de una misma realidad que reclama nuestra respuesta.

El recorrido por las cuatro semanas de los Ejercicios Espirituales permitió acercarse al reconocimiento de las relaciones dañadas y a la posibilidad de transformarlas. La educación ambiental adquiere así una dimensión que implica a toda la persona: junto al conocimiento, necesita experiencias que despierten gratitud, empatía y disposición a cambiar los propios hábitos.

Esta perspectiva tiene consecuencias para la misión universitaria, desde los contenidos de la formación y las líneas de investigación hasta la cultura ambiental y el cuidado de las infraestructuras.

De la reflexión a las prácticas compartidas

Tras un tiempo de reflexión personal, las personas participantes compartieron en grupos qué prácticas favorecen o dificultan la sostenibilidad en Deusto. El diálogo permitió plantear propuestas como reducir las botellas de plástico en las máquinas expendedoras, facilitar el acceso a fuentes de agua o aprovechar el programa HARITZA para impulsar iniciativas locales. También se recordó la importancia de atender a las personas vulnerables de nuestro entorno cercano.

Las aportaciones abrieron posibles líneas de trabajo y pusieron de relieve una responsabilidad compartida: los hábitos personales necesitan condiciones institucionales que faciliten su continuidad y los conviertan en prácticas colectivas.

El rector, Juan José Etxeberria, cerró la jornada de Bilbao con una llamada a incorporar los grandes desafíos socioambientales a la agenda universitaria. Destacó el rigor científico como servicio y la responsabilidad de formar personas con criterio y conciencia, capaces de discernir y decidir.

«Lo que todos hacemos sostiene lo que somos», afirmó. Una invitación a expresar la identidad de Deusto en su manera de trabajar, enseñar, investigar y convivir, haciendo del cuidado de la casa común un compromiso concreto y cotidiano.

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