Últimos votos de Rubén Alonso

«Quiero y deseo»: Rubén Alonso Álvarez SJ emite sus últimos votos en la Compañía de Jesús

La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de San Sebastián acogió este sábado, 4 de julio, la celebración de los últimos votos de Rubén Alonso Álvarez SJ. Familiares, compañeros jesuitas, colaboradores en la misión y numerosos amigos participaron en una Eucaristía de acción de gracias que reunió a personas llegadas de los distintos lugares donde Rubén ha desarrollado su servicio apostólico.

Los últimos votos, también llamados profesión solemne, constituyen uno de los momentos más significativos de la vida de un jesuita. Tras un largo itinerario de formación, discernimiento y misión, la Compañía de Jesús reconoce la maduración de su vocación y confirma definitivamente su incorporación al cuerpo apostólico, renovando su disponibilidad para ser enviado allí donde más se le necesite.

Uno de los momentos centrales de la celebración tuvo lugar durante el rito de la comunión. Siguiendo la tradición propia de la Compañía de Jesús, Rubén pronunció la fórmula de sus últimos votos antes de acercarse a recibir la Eucaristía. La profesión fue recibida, en nombre del Superior General de la Compañía de Jesús, por el delegado de la Plataforma Apostólica Loyola, Vicente Marcuello SJ, expresando así que esta incorporación definitiva tiene lugar dentro de un cuerpo apostólico llamado a la misión.

En la homilía, inspirada en el Evangelio del vino nuevo y los odres nuevos, se recordó que la profesión solemne no es la culminación de una historia personal ni un gesto de fidelidad al pasado, sino un signo de que Dios continúa llamando y enviando personas al servicio del Evangelio. La vocación fue presentada como una realidad siempre abierta a la novedad de Dios, que invita a vivir con libertad, disponibilidad y esperanza.

La reflexión quiso ir más allá de la experiencia personal de Rubén para interpelar a toda la comunidad cristiana. En un tiempo marcado por la incertidumbre y el cansancio, se subrayó que el mayor riesgo para la Iglesia no es la falta de medios o de vocaciones, sino perder el deseo de seguir a Cristo y la confianza en que el Señor continúa actuando en la historia. Más que celebrar la fidelidad de una persona, la Eucaristía fue una acción de gracias por la fidelidad de Dios, que sostiene una vocación a lo largo de los años y la hace crecer en la misión compartida.

Al finalizar la celebración, Rubén dirigió unas palabras de agradecimiento en las que quiso desplazar el protagonismo de sí mismo hacia la Compañía de Jesús. «El protagonista de esta celebración no soy yo; es la Compañía de Jesús, que acaba de dar el paso definitivo al incorporarme dentro de su cuerpo», afirmó. Recordó con gratitud a su familia, a los jesuitas que le han acompañado durante estos veintidós años de camino y a todas las personas con las que ha compartido la misión, especialmente aquellas a las que ha sido enviado a servir.

Rubén evocó también el profundo significado de celebrar los últimos votos en la misma iglesia donde, veinte años antes, pronunció sus primeros votos como jesuita. «Aquí me comprometí a permanecer y servir a la Compañía y aquí la Compañía cierra el círculo con su compromiso definitivo hacia mí», señaló, destacando además la coincidencia de la fecha con el aniversario de su ordenación sacerdotal.

La celebración concluyó con una invitación a renovar la disponibilidad para la misión. El «quiero y deseo» pronunciado por Rubén resonó como expresión de una vida puesta al servicio de Cristo y de la Iglesia, pero también como una llamada dirigida a toda la comunidad cristiana a seguir creando espacios donde otras personas puedan descubrir que el Evangelio sigue mereciendo la pena y que Dios continúa llamando y enviando hoy.

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